Unos gilipollas hacen el imbécil. Ése es el ingenioso argumento de este subproducto, que traspasa su exitosa estupidez de la pequeña a la gran pantalla. Humillaciones voluntarias para risa y asombro de colegas y espectadores. La pena es que ninguno se parte la crisma. Entonces sí hubiera sido una comedia interesante; imagínense: el chico cadáver, y los amiguitos llorando en el tanatorio, muy tristes, sollozando: "Pobre Johnny, no debería haberse arriesgado tanto.. sniff". Todo rodado cámara al hombro, con primeros planos y lágrimas de verdad, muy en plan docudrama. Pero no sucede. Todos hacen el bobo y la presunta película se acaba. Así, lleno de decepción, sólo queda una pregunta.... ¿Qué diablos le pasa a la MTV?¿Es esto lo mejor que puede ofrecer como entretenimiento a la juventud del siglo XXI? (Pablo Kurt: FILMAFFINITY)
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